Idiomas

Inicio
Cultura Xunta

El hombre y sus creencias

17/11/2009 – 21/02/2010

Sabine Weiss

¿Cómo es posible que Sabine Weiss, que se declara no creyente e incluso atea, esté fascinada por las creencias de los otros?
Porque le fascina todo lo que concierne al hombre, en que cree, aquello en que no cree, lo que espera y lo que lo desespera. Su fotografía no cesa de lanzar interrogantes sobre lo insondable en el hombre. Un templo es un lugar privilegiado para muchos de los que también se cuestionan. Paradójicamente, Sabine Weiss se siente tan próxima a esos que no puede aceptar para ella misma esta respuesta que les da la religión. Es en las ceremonias y en la soledad de la meditación donde cada uno revive todo aquello que experimenta en la vida, donde se cristalizan todas sus emociones.

A Sabine Weiss le interesa el hombre en el momento en que quita la mascarilla que se siente obligado a llevar. Con una luz cribada, frente a una vela, signo de la presencia del otro, o de una vida más allá, su emoción se hace más intensa. La presencia de uno otro, invisible, lo coloca en una mayor soledad consigo mismo.

Encuadrada en la corriente de la fotografía humanista, aquella en la que las personas y sus emociones son protagonistas de su trabajo, Sabine Weiss (1924) recorrió buena parte del mundo entre los años 50 y 90 fascinada por las creencias de los seres humanos de diferentes culturas. Espontaneidad y sencillez son características en su obra ofreciendo siempre una mirada no exenta de ternura, en la que no son los dioses el objeto de su atención, sino lo que las personas sienten delante de ellos.

Con esta mirada realista y poética se acerca a monjes budistas capaces de adiestrar gatos como muestra de su propio adiestramiento mental, al popular abate Pierre descansando en una humilde habitación, al ritual de iniciación Bar Mitzvah de un niño judío de 12 años, a los exóticos ritos malabares de la isla de Reunión, a la peregrinación a Fátima, etc... En definitiva, la obra de Sabine Weiss nos muestra que, desde Japón a Guatemala, desde España a Etiopía, en la alegría o en el dolor, el hecho religioso impregna la vida cotidiana del ser humano en su búsqueda incesante de la espiritualidad.