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Libros para un peregrino

II CONCURSO INTERNACIONAL DE DISEÑO Y ENCUADERNACIÓN

22/06/2011 – 18/12/2011

Con motivo de la celebración del Año Santo 2004, la Asociación para el Fomento de la Encuadernación de Libros de Arte (AFEDA) en colaboración con el Museo de las Peregrinaciones y de Santiago, convocó el Primer Concurso Internacional de Diseño y Encuadernación que tenía como objetivo crear el libro más apropiado para un peregrino actual. Las obras galardonadas pasaron a formar parte de los fondos del museo y esto supuso el inicio de una colección de encuadernación artística de libros para peregrino, sin duda singular, hoy incrementada con los premiados del Segundo Concurso, que junto al resto de participantes conforman esta exposición.
La muestra se completa con una selección de piezas de los fondos del museo inéditas y que muestran diferentes tipologías de libros de peregrino.

Los libros presentados combinan utilidad y diseño: libros con hojas en blanco para anotar lo acontecido en cada jornada, libros con texto ya impreso para leer durante el camino, guías para orientar al peregrino en el itinerario, libros de oración para el recogimiento, en definitiva libros para múltiples funciones con diseños y montajes singulares, útiles y valiosos. Esta experiencia supone una importante aportación intelectual al aprovechar y asimilar el ingenio del pasado cultural, transformándolo y adaptándolo para hacer una propuesta hacia el futuro.
Desde el siglo XII, en que apareció formando parte del Códice Calixtino la primera guía del peregrino escrita por Aymeric Picaud, los libros sobre cómo llegar a Santiago forman parte indispensable del atavío del esforzado peregrino.
Alrededor de 1350 apareció el uso de los libros para cinturón y aunque hasta el siglo XVI fueron muy utilizados son muy pocos los ejemplares que llegaron hasta nosotros. Los conocidos como "libro de peregrino" que presentan una singular encuadernación denominada "talega", disponen de tapas de madera con una protección de ante que cubre los laterales y el lomo, prolongándose por la parte superior para acabar en un nudo. Se llevaba prendido en el cinturón colgando boca abajo, quedando así protegido de la lluvia y de la suciedad, siendo posible llevarlo también en la mano gracias al nudo. De esta forma el peregrino portaba consigo todo lo que necesitaba para la escritura a la vez que podía abrirlo y leerlo, incluso mientras caminaba.