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EL TRABAJO INVISIBLE DE UNA EXPOSICIÓN

El Museo es el espacio donde se materializa la idea de una exposición. Pero hasta que esta se convierta en una realidad tangible hay un largo proceso invisible a los ojos del visitante que puede llevar meses, e incluso años, de preparación.

En el Museo de las Peregrinaciones y de Santiago, hay una exposición permanente que está a disposición del visitante a lo largo de todo el año sin interrupciones y dos espacios dedicados la exposiciones temporales: en el sótano (espacio polivalente) y en la planta 1 (sala de temporales). En esta ocasión nos centraremos en esta modalidad expositiva, las temporales. 

Se podría decir que a la hora de montar una exposición hay diversas fases o procesos. El primero de ellos indudablemente es la concepción del proyecto expositivo. Eso requiere un trabajo de investigación y desarrollo de una idea, su redacción, la elaboración de un listado de obras y artistas y una propuesta inicial para el diseño del proyecto adaptándolo al espacio físico donde tendrá lugar. Por supuesto esta primera fase es necesario la realización de un presupuesto donde se refleje el coste global del mismo.

La redacción del contenido es la fase nuclear pues es aquí donde se está elaborando el discurso para comunicarse con el visitante, que es el objetivo principal de una exposición. Para eso hay que redactar el texto principal de contenido,  cartelas, trípticos,  sinópsis y por supuesto la redacción final del catálogo con su respectiva redacción del texto, selección de imágenes…Una vez elaborado este proceso, que puede prolongarse mucho en el tiempo, viene la fase de difusión, en la cual la institución museística o expositora debe dar a conocer la exposición en prensa y redes sociales.

Centrándonos en el objetivo de esta pequeña síntesis, vamos a ver cómo se produce la fase final, la supervisión del montaje y desmontaje. El primer paso es acondicionar el espacio: mantener controlados los sistemas de clima (humedad, temperatura,luz, ventilación…) para garantizar el buen estado de conservación de los bienes expuestos y evitar la propagación de agentes xilófagos o daños causados por una mala gestión de estos elementos (humedades, perdida de color por mala iluminación…). Para eso es necesario un acondicionamiento de la sala y de las vitrinas. Según la naturaleza material de las obras expuestas estas condiciones pueden variar mucho ya que no se conserva de igual modo un resto de naturaleza arqueológica que una escultura o una pintura. El Museo es el garante del bienestar y  salvoconducto de las obras allí  depositidas, por lo que debe vigilar por el buen estado de conservación de todos los bienes depositados en su sede.

En relación con el punto anterior, un asunto muy importante a la hora de elaborar una exposición es el seguro. En muchos casos las obras expuestas son préstamelos de  artístas o de otros museos o instituciones. En las exposiciones temporales en las que las obras se trasladan de un sitio a otro se suele contratar un tipo de seguro que que se denomina “de clavo a clavo” que garantiza el perfecto mantenimiento de la obra durante toda la duración del montaje hasta el desmontaje. Un último aspecto es lo de la manipulación manual de las obras, el embalaje y transporte. Se deben emplear sistemas para la conservación preventiva, protección térmica y de vibraciones, maderas  antiparasitárias. El transporte debe garantizar un sistema  antirrobo, sistema de detección de incendios, suspensión neumática, sistema de climatización, seguimiento  GPS…
 

Con esta breve  sístesis esperamos acercar a nuestros visitantes al trabajo interno del Museo de las Peregrinaciones y de Santiago, y de este modo aumentar la transparencia y entendimiento con la sociedad, depositario  fianal de los bienes patrimoniales que albergamos.

fecha_interna: 
Miércoles, Junio 26, 2019