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Cultura Xunta
31/01/2017

Indaga en el trabajo interno del MDPS

Con la eliminación o pérdida de algunos de los elementos que conforman una obra, corremos el riesgo de desvirtuarla: que pasaría si el Discóbolo de Mirón hubiese perdido el disco? En ocasiones, los restauradores no tienen más opción que reconstruir los elementos que se pierden en el tiempo para perpetuar el sentido de la obra. Mismo el detalle más inusual puede ser objetivo de restauradores.

Proceso de restauración de una imagen del Apóstol Santiago

Habitualmente las piezas sobre las que se realiza una intervención poseen zonas muy frágiles que van perdiendo sus elementos con el paso del tiempo, y los extremos suenen ser las partes más afectadas ¿cuantas imágenes del Niño Jesús vemos en Navidad sin dedos!?. Cuando esto sucede, la intervención se formula en líneas de reconstrucción.

En esta imagen del Apóstol Santiago había uno de los elementos que estaba causando más problemas de los debidos: el sombrero. No estaba bien fijado a la figura, y además fue perdiendo ciertas piezas que conformaban su ornamento.

Una vez que la pieza estuvo lista para trabajar (después de un proceso de limpieza y desinfección, principalmente), comenzó la labor de reconstrucción. Son los pequeños detalles, como los bordonciños decorativos o el borde de la pieza, los que habitualmente precisan de una mayor atención.

Usando un material manejable, similar a la arcilla, se reconstruyeron volumetricamente las partes perdidas de la pieza. Posteriormente, los añadidos fueron recubiertos con estuco sintético de color blanco. Una vez realizada la reintegración matérica, se procede al último paso: la reintegración cromática. En este último paso es cuando se logra la continuidad estética y visual de la pieza, al tiempo que queda patente que es una intervención y no el original, aunque, algunas veces, sólo un ojo experto puede realizar esta distinción.