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Cultura Xunta
07/08/2018

INDAGA EN EL TRABAJO INTERNO DEL MDPS

A la hora de visitar las salas de un museo nos encontramos con una serie de normas que muchas veces nos pueden parecer incomprensibles: no flash, no mochilas, no líquidos, grupos limitados... Toda esta normativa responde a un único objetivo: la preservación y protección de los bienes patrimoniales que se exhiben.

El control de las condiciones climáticas y de seguridad dentro de las salas de un museo es fundamental para la conservación de los bienes artísticos expuestos. Esto se llama conservación preventiva, que en palabras de Gaël de Guichen es “aumentar la esperanza de vida de los objetos”.

Los obras de arte que expone y almacena un museo, pueden ser de naturaleza orgánica o inorgánica, y consiguieron llegar hasta nuestros días a pesar del paso del tiempo. Por eso, la labor de la conservación preventiva es tan importante, ya que supone el medio para poder legar a las generaciones futuras el uso y disfrute de estas colecciones en las mejores condiciones posibles.

A la hora de hablar de conservación preventiva en un museo debemos tener en cuenta que no todos los objetos almacenados o expuestos tienen la misma naturaleza, por lo tanto, los procesos de degradación a los que se ven sometidos varían en función de su composición.

Por ejemplo, los materiales orgánicos, los que proceden del mundo vegetal o animal, son sensibles a los cambios de humedad y temperatura, suelen ser blanco fácil de hongos e insectos si no se toman las precauciones y las medidas idóneas. Por otra parte, los materiales inorgánicos, normalmente de naturaleza mineral, aunque son más estables no se libran de la degradación producida por el ambiente (temperatura, luz, humedad) y que, por ejemplo, puede causar corrosión en los metales.

De este modo, son varios los factores que se deben controlar para mantener los fondos museográficos en las mejores condiciones ambientales posibles que eviten y pongan freno a su natural degradación:

  • La humedad y la temperatura: el objetivo de la conservación preventiva es conseguir una temperatura y humedad relativa estable. Una humedad relativa demasiado alta (más del 70%) puede producir la aparición de hongos en materiales orgánicos y corrosión en los metales; una humedad relativa demasiado baja (menos del 40%) produce tensiones en los materias higroscópicos que pueden causar fisuras ( Moyano, 2011: 32). La temperatura y la humedad están vinculadas intrínsecamente, ya que el nivel relativo de humedad en el aire depende de la temperatura.Una temperatura inadecuada por sí sola también tiene consecuencias, como es la dilatación de materiales o la aceleración de procesos químicos, incluidos los fotoquímicos producidos por la luz y el envejecimiento de materiales ( Moyano, 2011: 32).
  • La luz: la luz es energía en forma de ondas electromagnéticas, al igual que los rayos X, la radiación ultravioleta e infrarroja ( Moyano, 2011: 13). La iluminación en un museo abarca el espectro de la luz visible y no visible. En una exposición podemos encontrar materiales muy sensibles a la luz como son determinados pigmentos, tinturas, colorantes o mismo las fotografías a color. Los daños producidos por la luz son de naturaleza fotoquímica, irreversibles y acumulativos ( Moyano, 2011: 35). Entre las consecuencias producidas por la luz podemos encontrar la pérdida de color, palidecimiento, fragilidad de los textiles, craquelados... El grado de afectación depende tanto de los materiales como de su composición.
  • La contaminación: la contaminación y la polución también afectan a las obras de arte provocando cambios de acidez, oxidación, corrosión, manchas...

Mecanismos de control:

Para evitar estas pérdidas contamos con determinados mecanismos de control del clima cuya finalidad es la de mantener más o menos estable la humedad relativa, la temperatura, así como controlar las partículas contaminantes y el efecto lumínico sobre las obras.

Los conservadores y las conservadoras de los museos son el personal técnico encargado de que estas mediciones sean las mejores posibles para cada objeto y materia, teniendo en cuenta siempre el equilibrio entre recursos y espacio. El personal de sala y de vigilancia tienen la labor de velar por la salvaguarda física de los bienes patrimoniales expuestos y evitar cualquier peligro para estos.

Ahora cuando visitéis una sala de un museo ya no os resultará extraño encontrar determinados instrumentos como los deshumificadores, humificadores, termohigrómetros (aparatos que registran la humedad y la temperatura) o incluso medidores de temperatura dentro de las vitrinas. Esperamos que ahora la presencia de todos estos objetos tenga su explicación.

El patrimonio es un bien de todos y es nuestra responsabilidad salvaguardarlo en las mejores condiciones para el disfrute de las futuras generaciones.

BIBLIOGRAFÍA:

  • De GUICHEN, G. (2009): «Medio siglo de Conservación Preventiva», en Revista GEIIC, n.º 0. 42. Disponible en: www.revista.ge-iic. com. http://geiic.com/files/Cursos/Gael_de_Guichen.pdf.
  • KÜHN, H. (1981): Erhaltung und Pflege von Kunstwerken und Antiquitäten, vol. 1, Múnich: Keysersche Verlagsbuchhandlung.
  • FERNÁNDEZ, C., ARCHAVALA, F., MUÑOZ – CAMPOS, P. y de TAPOL, B. (2008): Conservación preventiva y procedimientos en exposiciones temporales, Madrid.
  • MOYANO, N. (2011): La climatización e iluminación de la sala durante las exposiciones de obras de arte, Conservación y Restauración del Patrimonio 4, Trea ed.