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Novedades expositivas: Tablas de la Translatio.

Viernes, 4 de Marzo de 2022

La huida de Teodoro y Atanasio’ y ‘La reina Lupa viendo pasar el cuerpo del Apóstol Santiago

Las tablas presentadas posiblemente pertenezcan a un retablo del tramo aragonés del Camino de Santiago. Disponen de un valor especial en el entorno de la ciudad de Santiago, donde tienen lugar los acontecimientos relatados en el legendario de la Translatio. En sus cercanías está Iria Flavia, el Pico Sacro, el Castro Lupario (residencia mítica de la reina Lupa), el río Tambre o, aunque más lejano, cerca de Fisterra, el enclave de Duio o Dugium.

Se pueden establecer paralelos estilísticos y temáticos con las tablas de Martín Bernat, ‘Embarque en Jafa del cuerpo de Santiago el Mayor’ y ‘Traslado del cuerpo de Santiago el Mayor ante el palacio de la reina Lupa`. La primera de ellas, depositada temporalmente por el Museo del Prado en el Museo de las Peregrinaciones y de Santiago, donde se narra el traslado del cuerpo del Santiago en barca en Jafa después de su decapitación.

Este tipo de representaciones sobre los ciclos jacobeos comienzan a tomar gran fuerza inmediatamente después del descubrimiento del sepulcro (ca. 820-830). Entre ellos, la leyenda fantástica de la traslación adquiere una singular importancia. El documento más antiguo que recoge el viaje del cuerpo apostólico desde Jafa hasta Iria Flavia (Padrón) para enterrarlo en la actual Compostela es la carta apócrifa atribuida a un papa León (algunos autores se la asignan a León III) que se sitúa en el propio siglo IX y que llegó hasta nosotros en diferentes versiones. El propio Códice Calixtino del siglo XII recoge una de estas versiones con la finalidad de difundir el culto al Apóstol y su peregrinación. Así, el libro III del citado códice se dedica íntegramente a referir el traslado desde Jafa. De todas formas, el libro con más éxito a nivel internacional para difundir la vida del apóstol Santiago, incluido su traslación, sería la Legenda Aurea de Santiago de la Vorágine, de la segunda mitad del siglo XIII. Recopila información elaborada sobre la translatio. Es esta la versión que puede ser considerada cómo definitiva y sin duda la que más influencia tendría en la iconografía de los siglos posteriores, tal y como se ve en esta obra.

Huida de Teodoro y Atanasio
[Nº Inv. 1958]

La obra recoge una representación en la que desataca un puente roto sobre el que se sitúan dos grupos de dos personas a cada lado. El artista introduce elementos arquitectónicos en las orillas del río, así como elementos del paisaje. Se ven dos figuras a la derecha del espectador, con aspecto pacífico y dos a la izquierda, soldados, que parecen perseguir a las dos anteriores. Otros soldados se precipitan al río tras romperse el puente.

Así, las dos figuras de la derecha del espectador, con aspecto pacífico, se corresponden a Atanasio y Teodoro; las dos de la izquierda, asustadas sin duda por el acontecimiento, son miembros del ejército del rey de Duio (Dugium), encargados de perseguir a los discípulos de Santiago que habían sido enviados por la reina Lupa. Otros miembros del ejército se precipitan al río tras romperse milagrosamente el puente y dejar libres así a Atanasio y Teodoro. Podrán así proseguir con la difícil misión de localizar un lugar para darle sepultura al cuerpo del Apóstol.

La reina Lupa viendo pasar el cuerpo del Apóstol Santiago
[Nº Inv. 1959]

Un carro tirado por bueyes transporta el cuerpo de Santiago ante la expectación de los viandantes. Una arquitectura muy estudiada completa el fondo de la representación, destacando en el balcón del primer piso una figura real acompañada de varios personajes de su corte.

En esta tabla se representa una de las últimas escenas del ciclo de la traslación del cuerpo de Santiago. La reina Lupa había intentado engañar a Atanasio y Teodoro en el episodio del Pico Sacro (el legendario monte Ilicino), donde los había enviado en la búsqueda de unos bueyes. Estos habían resultado ser toros bravos, pero milagrosamente amansan. Tras ver que los discípulos de Santiago habían conseguido sujetar los toros al yugo, la reina decidirá renunciar a sus convicciones paganas y convertirse al cristianismo.