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15704 Santiago de Compostela
Peregrinos del sufismo
Ajmer, ciudad de la región de Rajastán, al norte de la India, es lugar santo para 90 millones de musulmanes del subcontinente asiático.
Más de 150.000 fieles procedentes de la India, Bangladesh, Pakistán y Afganistán se encaminan anualmente hacia Ajmer constituyendo la mayor peregrinación musulmana de dicha zona geográfica.
Conmemoran el Urs, aniversario de la muerte de Khawaja Mo’inudin Chisti (1139-1236), santo sufí precursor del Islam en la India.
“Numerosos son aquellos que desean tomar el camino hacia Ajmer, pero solo los llamados se darán cita en el lugar santo”.
LA LLAMADA
Ghani adora estos versos. Ciudadano sedentario con raíces en el barrio musulmán de su ciudad, esperaba un signo de providencia divina. Todos los días le parecían iguales.
Pero esa mañana, un viento fresco le vino a murmurar estos versos: “Ajmer, el viaje, los llamados, el lugar santo...”. Era su turno, se envolvió en su chal y emprendió el camino...
EL VIAJE
En el tren, nadie se enteró de su presencia, despertando cuando el tren hace su entrada en la estación.
Ajmer... El aire era diferente. Saliendo de la estación escucha el Azân, la llamada a la oración. Se arrodilló sobre la acera a la vez que sus hermanos.
Ghani se dirigía al Mausoleo de Mo’inudin Ajmeri caminando detrás de un grupo de jóvenes envueltas nos sus velos.
En el Dargah posó sus manos, su frente y sus labios sobre uno de los arcos de la entrada estrechando el fuste como se aprieta a un amigo.
En el interior, los peregrinos se amontonaban en silencio, manos tendidas hacia la tumba sumergiéndose en el aura bienhechora del santo, que tiene la virtud de curar cuerpos y almas.
Llegó la noche y el canto del Qawwal hizo que una ola de peregrinos se acomodara alrededor de los músicos, atraída por el amor de las voces.
Salió y se fue cruzando en su caminar con un ciego, con un cojo y con una pareja de mendigos dignos y silenciosos.
UNA COCINA A CIELO ABIERTO
Por la mañana, Ghani observó dos inmensas marmitas. “Son las cocinas a cielo descubierto”, le enseñó un hombre. “Preparamos arroz azucarado y perfumado para distribuir entre los peregrinos sea cual sea su religión”.
Antes de recibir su ración, los peregrinos debían esperar, hasta el amanecer. A las seis de la mañana, la espera tocó a su fin.
EL FINAL
Después de comer, atravesó el Châliyâri, pequeño cementerio frecuentado por faquires, eunucos, qualandars y mustanas. El olor de las charas y de inciensos se paseaba por entre las tumbas.
Ghani se durmió y cuando despertó observó la comunidad adormilada a su alrededor.
Desde el nacimiento de la luna hasta su crepúsculo, cinco veces repite el ritual colectivo de la oración Namâz.
Los fieles se sentaron en semicírculo envolviendo a los músicos. Una mujer no podía contener las lágrimas. Ghani, invadido de felicidad, tuvo desde entonces la certeza de estar allí donde debía estar.
Así me lo contó Me’raj Qawwâl. “Quizás algún día en alguna parte, alguien quiera saber quiénes éramos: así quedará un rastro”.
Extracto del texto de Claire Devos del libro Ajmer. Peregrinos del sufismo de Nacho Castellano.