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A DONDE VIAJAN LOS DIOSES

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Christoph Lingg (Fotografías) - Susanne Schabber (Textos)

Una peregrinación al Qoyllur Rit´i en Perú

A donde viajan los dioses nos aproxima a la fiesta indígena más multitudinaria de América, una de las manifestaciones más profundas de la religiosidad andina en la que miles de indios y mestizos procedentes de todo el Perú peregrinan, a través de abruptos parajes, hasta llegar al santuario del Señor del Qoyllur Rit’i

Según la creencia popular que se remonta a 1780, el Niño Jesús, disfrazado de pastorcillo, se le apareció a un niño indígena llamado Marinito Mayta, y juntos se dedicaban a cuidar los rebaños. Cuando el padre de Mariano decidió revisar el trabajo de su hijo, le llamó la atención el vestido de su amigo por la riqueza del tejido y pensó que sólo podía proceder de las vestimentas de una imagen sagrada. Los hechos llegaron a oídos del obispo de Cusco, quien, temiendo que la tela hubiese sido obtenida de forma sacrílega, le ordenó al párroco del lugar, Pedro Landa, que investigara su origen. Al acercarse a donde se encontraban los niños, una brillante luz blanca le cegó cuándo intentaba apresarlos. En su lugar apareció un árbol del que colgaba el cuerpo del Señor. En ese momento, Mariano murió fulminado por un rayo y al ser sepultado al pie de una gran piedra a imagen del Señor de Qoyllur Rit’i se fijó sobre la roca. 

Esta leyenda es, probablemente, el ropaje occidental que recubre una milenaria creencia indígena que tendría su origen en el Perú precolombino. Los estudiosos apuntan que quien recibe el culto, las penitencias y los actos de fe es en realidad el Apu Ausangate –dios tutelar de la zona- y que el ritual está asociado realmente a la fertilidad de la tierra. Estamos ante un claro ejemplo de sincretismo religioso en el cual el símbolo externo es la imagen de Cristo, pero su objeto de fondo es la unión del hombre con la naturaleza. En esta manifestación religiosa se aúna el culto a las deidades ancestrales andinas con el culto cristiano y es un fiel reflejo de cómo un pueblo encuentra, en la busca de lo divino, una forma para integrar armónicamente las expresiones religiosas de dos culturas. 

El ritual consiste en una peregrinación de varios días durante la cuál los peregrinos ascienden hasta el límite de las nieves perpetuas, para llegar al corazón del santuario donde se encuentra la piedra con la imagen divina. Organizan las celebraciones los celadores, una organización instituida a similitud de las cofradías religiosas, y bajo cuyas directrices se encuentran los legendarios utukus o pabluchas, que aparte de realizar actividades folclóricas, son los encargados de mantener la orden. Los ukukus, de gran importancia dentro del folclore andino, simbolizan un personaje mítico: el oso de las cordilleras andinas, que se humaniza para mezclarse con la gente. 

Una gran multitud de fieles llega al valle del Sinakara tres días antes de la fecha principal –la celebración con el Corpus Christi-; por el camino van encontrando cruces y ante ellas los grupos de bailarines danzan y cantan para rendirles culto. A un lado de cada una se forma una apacheta, montículos de piedras que levantan los fieles a manera de pecados expiados. Los actos litúrgicos se suceden: en las noches el rezo del rosario y cánticos, durante el día misas, todo ello acompañado del repique de campanas, fuegos artificiales, bombas, danzas y cánticos populares. 

La víspera del día central, los ukukus escalan hasta la cumbre de la montaña en busca de la «Estrella de la Nieve» que se encuentra encerrada en sus entrañas. Tras pasar allí la noche, en la madrugada del Corpus Christi y una vez efectuados los rituales de saludo, ruedan, saltan por toboganes naturales, realizan acrobacias, corren y luchan haciendo sonar sus silbidos. Todo ello a miles de metros sobre el nivel del mar, donde falta el oxígeno, y a varios grados bajo cero. Una vez concluido este alarde de fuerza y tras arrancar grandes bloques de hielo inician la bajada con ellos sobre sus espaldas. Con el agua del hielo se preparan el último desayuno y merienda, que les dará la fuerza suficiente para afrontar el camino de regreso y, una vez en sus casas, riegan simbólicamente sus tierras con el agua sagrada. 

El llamado «día principal» pueden llegar hasta 70.000 peregrinos para asistir a los actos religioso-festivos que allí acontecen: la procesión, el desfile folclórico y, finalmente, la Bendición y Despedida. Durante los días que dura la peregrinación, el desolado valle del Sinakara se inunda de fieles, se llena de colores, olores, danzas, cánticos y celebraciones en quechua. Los músicos y bailarines portan estandartes, cruces y símbolos patrios. Sus vistosos atuendos son fastuosos y bellos: máscaras, carpas y faldas cubiertas de admirables bordados y plumajes coloridos que se agitan con los movimientos del baile. No debemos olvidar que, como nos indica Marcela Olivas, la fiesta y la celebración folclórica, junto con la gastronomía, son una parte destacada en las peregrinaciones del Perú. 

 

Esta exposición, que contó con la colaboración del Foro Cultural de Austria (Embajada de Austria en España), es un proyecto conjunto de Christoph Lingg y Susanne Schaber. Ambos, con inigualable sensibilidad, han formado parte activa de la peregrinación lo que les ha permitido llevar a cabo este proyecto y reflejar como nadie el espíritu de la conmemoración. El objetivo de Christoph Lingg ha captado, en el momento preciso, los rostros, el gesto, las actitudes, lo individual y lo colectivo. El gran esfuerzo realizado aunado a la satisfacción de haber cumplido las promesas; la aglomeración de gentes en el valle frente a la soledad de los momentos de oración; la serena solemnidad de los actos litúrgicos contrastando con el alegre movimiento de las danzas; el sacrificio, la penitencia, la gran dureza del recorrido adornado con los fastuosos y coloridos ropajes.

Todo ello nos transmite la esencia de una peregrinación, manifestación intensa del fervor popular, que ejemplifica como pocas la conjunción de la alegría y el sacrificio, de lo sagrado y lo profano, de lo indígena y lo cristiano, en definitiva un gran ejemplo de la riqueza que propicia la interculturalidad. Una vez más el Museo Das Peregrinacións se convierte en un puente entre culturas que nos permite acercarnos a este sorprendente ceremonial.