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EL CAMINO DE KUMANO

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Fotografías donadas por el Gobierno de Wakayama (Japón)

La naturaleza divinizada

Kumano es la tierra de los dioses sintoístas cuya presencia se extiende por todo un territorio de bosques y montañas que hicieron de este lugar un importante centro de peregrinación desde el siglo IX antes de Cristo.

La cultura japonesa se fue formando a través de su larga y compleja historia a partir de hechos y factores diversos que configuraron finalmente su fuerte, influyente y peculiar carácter. 

La propia localización geográfica, como isla separada del continente asiático, pero, al mismo tiempo, muy cerca de áreas de potente influencia como China, dio lugar a lo largo del tiempo, a oscilaciones históricas entre períodos de aislamiento e intensa interrelación. 

La orografía y el clima ejercieron del mismo modo su particular influencia en el alma y cultura japonesas. Su rica flora y fauna, el esplendor de sus paisajes y su cambio estacional e incluso su carácter volcánico, se encuentran reflejados en el amplio acervo literario y artístico del país. 

Pero fundamentalmente fueron las creencias e influencias religiosas, no solo las nativas como el sintoísmo, sino también las ajenas como el budismo y su corriente zen, el confucianismo y, en menor grado, el taoísmo, las que dieron pleno sentido al alma japonesa. 

De este modo, se formó la singular concepción de la belleza del espíritu japonés, expresándose en conceptos tan complejos como wabi (belleza simple y esencial), sabi (soledad de la naturaleza) y shibui (belleza de las cosas sencillas). 

Japón ofrece pues, un modelo de simbiosis entre la propia y original tradición y otros trazos culturales ajenos, a través de un proceso de importación y asimilación armonioso e incluso creativo. 

En este sentido, la peregrinación a la región de Kumano, que se muestra en esta exposición fotográfica, es un ejemplo de fusión de dos espíritus religiosos que confluyeron en un determinado momento: el sintoísmo y el budismo. 

El shinto o Camino de los Dioses, surge con los albores de la historia japonesa y tiñó todos los aspectos de la vida emotiva del país. Se configuró primeramente como un sistema de creencias en las que destacaba la adoración a las divinidades que le dieron origen al país, a los fenómenos naturales y a las poderosas fuerzas creadoras. A estas se les añade más tarde el culto a los ancestros y a las divinidades familiares, de ahí el origen divino del linaje dinástico. 

Estos espíritus son los kami. Se dice que suman ocho millones, pero lo cierto es que son incontables. Hay un kami en todas las cosas naturales. Los kami habitan en la naturaleza: en los cielos, en los árboles, en las montañas, en las cascadas, en las islas... 

Más tarde, en el s. VI, y a través de Corea, penetra el budismo en el Japón, luego de un largo recorrido de difusión por toda Asia y desde la India, donde se había originado en el s. VI a.C. 

Frente a los kami, que tanto podían ofrecer felicidad como venganza, el budismo llegó como un evangelio de compasión y salvación para la especie humana. Con el tiempo, no se fueron observando diferencias entre la adoración a la naturaleza y el ruego por aplacar la ira de los dioses sintoístas, y al mismo tiempo recitar oraciones para pedir la gracia salvadora de Buda. 

La región de Kumano, al este del Japón, es de una belleza maravillosa y sorprendente. Desde antiguo se consideró cómo una tierra mágica y sagrada en la que tenían su morada numerosos dioses sintoístas y hacia donde numerosos peregrinos se dirigían para su alabanza. 

Con la llegada del budismo, los dioses moradores de Kumano se consideraron la encarnación de Buda y pasaron a denominarse Kumano-gongen: Buda que toma la figura de los dioses y escucha las súplicas de los hombres. Así, la peregrinación a Kumano alcanza su época de apogeo a lo largo de los siglos X al XII. En ella participaban gentes de todas las clases sociales, incluidos los componentes de la Familia Imperial. 

A partir del s. XVII, la peregrinación a Kumano comenzó a mostrar su declive, pero en la actualidad, la búsqueda de una nueva espiritualidad que parece haber principiado el ser humano en las sociedades más avanzadas, está provocando que el Camino de Kumano, al igual que otros senderos de fe semejantes y existentes a lo largo del mundo, se revitalice. 

Los paralelismos espirituales y cronológicos que se pueden observar entre el Camino de Kumano y el Camino de Santiago dieron lugar a que, en 1998, se constituyeran ambos como Caminos Hermanos a través de la Declaración Oficial de Amistad entre la Comunidad Autónoma de Galicia y la Prefectura de Wakayama. Un vínculo entre dos caminos de espiritualidad y dos regiones mágicas y trascendentes.