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Una peregrinación ortodoxa en Polonia
Grabarka es el centro de peregrinación más importante de la Iglesia Ortodoxa Autocéfala Polaca. Hacia la "colina del penitente" se dirigen numerosos peregrinos portando cruces ofrecidas como petición o agradecimiento al Cristo Salvador, siguiendo una tradición que puede remontarse al s. XIII.
Grabarka, “La colina del penitente”, “El monte de las seis mil cruces”, “El más milagroso de los lugares milagrosos” para la Iglesia Ortodoxa Polaca.
El monte sagrado de Grabarka, situado en la zona histórica de Podlasie, al este de Polonia, es el centro de peregrinación más relevante de la Iglesia Ortodoxa Autocéfala Polaca y el de mayor proyección internacional de entre todos los centros de culto surgidos de la larga tradición de peregrinación existente entre los fieles ortodoxos polacos.
El origen de la sacralización de este monte y, consecuentemente, de la fundación de un santuario, responde a la pervivencia de dos tradiciones paralelas.
La primera de ellas se remonta a mediados del s. XIII cuando en la iglesia ortodoxa de la Virgen María, situada a 30 Kms al sureste de Grabarka, acuden cientos de personas, presa del miedo y del terror causado por las invasiones tártaras, a rezar ante un icono de tradición milagrosa con la representación de la Transfiguración de Cristo (acontecimiento que para a Iglesia Oriental constituye uno de los “doce días sagrados”). Según cuenta la leyenda, algunos habitantes que logran escapar al desastre trasladan y ocultan el icono de forma misteriosa en el monte Grabarka. El icono nunca volvió a aparecer, pero, en ese lugar, se viene celebrando desde hace siglos la mayor fiesta de indulgencia, precisamente en la festividad de Cristo Salvador.
Según otra tradición, el origen del culto en este monte se origina en el s. XVIII en relación con una epidemia de cólera que azotó la población de Siemiatycze en 1710. Se cree que un ciudadano de esta población, miembro de la Iglesia Uniata, tuvo un sueño mientras dormía, a través del cual vio que podía salvarse de la muerte si construía una gran cruz que debía transportar a una colina cercana, donde además debería beber agua de un manantial que allí brotaba. El sacerdote local percibió en este relato la revelación de Dios y se lo comunicó a sus feligreses. Todos se dirigieron entonces hacia la colina y bebieron el agua de aquel manantial, salvándose así del azote de la enfermedad. Como agradecimiento a Dios, construyeron una iglesia, la Capilla del Cristo Salvador.
Aunque es difícil determinar qué circunstancias contribuyeron a determinar este paraje como milagroso, lo cierto es que, además, se convirtió en un lugar de oración a los difuntos porque allí se hallaban enterradas tanto las víctimas de los tártaros como las resultantes de la epidemia. Por otro lado, nombre mismo de Grabarka deriva de la palabra rutena hrabar: “cavador”, “sepulturero”.
Como muchos otros lugares de culto y peregrinación en el mundo, Grabarka es una colina -lugar de revelación- enlazada con el elemento natural del agua -símbolo de purificación de los pecados- y con la cruz -símbolo cristiano de la Pasión de Jesús-.
El ritual de la peregrinación en el que llevan cruces los penitentes proviene del s. XVIII. Desde entonces, tanto ortodoxos como católicos acuden a clavar sus cruces en el bosque de Grabarka durante todo el año, pero especialmente en la festividad de la Transfiguración de Cristo, el 19 de agosto. Las cruces que se ofrecen son de diversos tamaños dependiendo, según la tradición, del “tamaño” de la enfermedad, el sufrimiento o el agradecimiento de quien la lleve.
Los peregrinos, cuando llegan, lo primero que hacen es beber agua de la fuente milagrosa, lavándose aquellas zonas a sanar con pañuelos de lino que luego dejan en los alrededores como signo de abandono de las enfermedades y de los pecados; después, suben con su cruz hasta el santuario de la colina donde rezan y son bendecidos. Durante la medianoche se celebra un oficio solemne en las tumbas del cementerio, ensalzando de este modo la unidad del mundo de los vivos con el mundo de los muertos.
En esos días toda la colina se transforma en un gran templo que reúne a varios miles de peregrinos procedentes de toda Polonia y también, recientemente, del extranjero, sobre todo de Bielorrusia, Ucrania, Finlandia y Hungría.
El monte sagrado de Grabarka es el corazón de la Iglesia Ortodoxa Polaca. A pesar de las muchas adversidades, este lugar sagrado sigue siendo para sus fieles un lugar de reencuentro con Dios y de reconciliación con los hombres.
Extracto del texto elaborado por el profesor Antoni Jackowski de la Universidad de Cracovia (Polonia) para el catálogo de la exposición.