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La peregrinación y el camino de Santiago

Los objetos y rituales relacionados con los peregrinos jacobeos; La vinculación que la música, la literatura y el arte tuvo con el Camino de Santiago; La diversidad iconográfica del Apóstol así como la amplísima dispersión del culto a Santiago, son los protagonistas en esta planta.

Descubrimiento e identificación del cuerpo apostólico

La inventio. Aparece una nueva reliquia

Desde su enterramiento en el Libredón transcurre el tiempo hasta que llegamos al siglo IX, momento en el que tiene lugar el siguiente episodio de nuestra leyenda, conocida como la inventio. En esta tierra del Libredón, una noche el monje Pelayo, que vivía en las cercanías de Solovio, ve luces en un campo vecino y, tras contárselo a su confesor, informan al obispo de Iria Flavia, Teodomiro. Descubren un mausoleo de época romana donde habría tres cuerpos, que vinculan con los restos del Apóstol y sus discípulos: Teodoro y Atanasio. Podemos observar en esta sala una maqueta interpretativa de cómo sería este mausoleo romano donde aparecieron los tres cuerpos.

Así comienza la historia de la ciudad de Compostela y el Camino de Santiago. Debemos entender este hecho en su contexto histórico, estamos en el siglo IX, momento de la reconquista, y el hallazgo de los restos del Apóstol supone un refuerzo moral muy fuerte para el ejército cristiano.

En relación a las fuentes bibliográficas de este episodio, antes del descubrimiento del sepulcro de Santiago circulaban abundantes referencias sobre su localización y su culto. El «Breviario de los Apóstoles» citaba, a finales del siglo VI, la predicación en Hispania y situaba su tumba en A(r)ca Marmarica. Algo similar indicaba, hacia el 650, un texto interpolado de san Isidoro en «De ortu et obitu patrum». Beda el Venerable recogía hacia el 730 en su «Martyrologium» referencias sobre el traslado y enterramiento «...contra mare Britanicum...» (océano Atlántico).

A lo largo de nuestro recorrido, ascendiendo hacia la maqueta del mausoleo, podremos observar una copia impresa en la ciudad de Colonia en el año 1688 de la obra de Beda el Venerable, «Opera Theologica, Moralia, Historica, Philosophica, Mathematica & Rhetorica...» En sus sus escritos, Beda defiende la evangelización de Hispania por Santiago el Mayor, pero lo más significativo son las referencias al enterramiento que recoge en dos ocasiones. Una en la homilía XCII sobre Juan, que admite que el cuerpo de su hermano reposa en Hispania y la siguiente referencia se encuentra en el martirologio con el que parece admitir un segundo traslado.

Teodomiro de Iria y Afonso II

Las narraciones sobre el descubrimiento del sepulcro de Santiago sitúan el hallazgo en el reinado de Alfonso II (791-842) y el pontificado de Teodomiro, obispo de Iria (819-847). También se relaciona con Carlomagno, emperador de Occidente (800-814) y se señala el año 813 como fecha del hallazgo. Con esta suposición se pretendía dar un reconocimiento internacional al sepulcro y al Camino de Santiago, aunque históricamente no parece aceptable.

Un mausoleo romano. ¿Para quién?

El sepulcro identificado como la tumba de Santiago es un enterramiento monumental (mausoleo) entre los siglos I y II d.C. Su configuración original fue transformada en diversas ocasiones, de modo que es difícil presentar actualmente una reconstrucción verosímil.

Este tipo de enterramiento transforma la simple tumba en un santuario para honrar la memoria del difunto. Este mausoleo, que evidencia también la existencia de un núcleo urbano próximo y de algún personaje relevante, podría asemejarse al de Fabara (Zaragoza), del siglo II. La tradición sostiene la cristianización del monumento para acoger los cuerpos de Santiago y de sus discípulos Atanasio y Teodoro. Otras hipótesis lo consideran la tumba de Prisciliano, obispo hereje ejecutado en Trier (Alemania) en el siglo IV.