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Santiago. Historia, tradición y leyenda

El descubrimiento e identificación de un sepulcro, cuyos restos se atribuyeron a Santiago el Mayor en los territorios más occidentales de Europa durante la década del ochocientos veinte, marcan el origen del culto al Apóstol y el nacimiento de la peregrinación jacobea. Las referencias históricas sobre tales acontecimientos y la vida de Santiago estuvieron siempre envueltas de una mezcla de tradición y leyenda. Aunque la tradición del enterramiento del Apóstol en Gallaecia es anterior a su descubrimiento por Teodomiro, obispo de Iria, los documentos que relatan tal hallazgo y el traslado del cuerpo desde Jerusalén son posteriores y no están exentos de cierta intencionalidad. A partir del siglo VI se extiende la creencia de que los apóstoles estaban enterrados allí donde habían predicado y la tradición occidental atribuye a Santiago la evangelización de Hispania. Eso justifica que antes del descubrimiento (inventio) circularan escritos que recogieran antiguas tradiciones transmitidas posiblemente por la Iglesia visigoda y señalaran el Finis Terrae como el lugar de enterramiento de Santiago.

Descubrimiento e identificación del cuerpo apostólico

Las reliquias de los mártires eran los objetos más sagrados para los cristianos. Por eso, el descubrimiento del cuerpo entero perteneciente a uno de los discípulos más próximos a Jesús, y primer apóstol en sufrir un martirio, era para las comunidades de creyentes del siglo IX un hecho de extraordinaria repercusión. El descubrimiento afectaría también al poder político y religioso. Para la monarquía ástur, con Afonso II al frente, supuso un aliciente en su deseo de consolidarse entre los otros reinos peninsulares, neutralizó intentos separatistas galaicos y encontró en Santiago un aliado en su actividad guerrera contra el Islam. Por su parte, la iglesia de Iria Flavia, la más occidental y lejana, tuvo, con Teodomiro como obispo, la oportunidad de reclamar para su diócesis un origen apostólico y equipararse a los más importantes centros de la cristiandad. La aparición del cuerpo del Apóstol está dentro de la tradición medieval de hallazgos milagrosos de reliquias en lugares donde no había referencia de su existencia. En muchos casos darán lugar al nacimiento de santuarios que se convertirán en lugares de peregrinación.

La INVENTIO. APARECE UNA NUEVA RELIQUIA

Desde su enterramiento en el Libredón transcurre el tiempo hasta que llegamos al siglo IX, momento en el que tiene lugar el siguiente episodio de nuestra leyenda, conocida como la inventio. En esta tierra del Libredón, una noche el monje Pelayo, que vivía en las cercanías de Solovio, ve luces en un campo vecino y, tras contárselo a su confesor, informan al obispo de Iria Flavia, Teodomiro. Descubren un mausoleo de época romana donde habría tres cuerpos, que vinculan con los restos del Apóstol y sus discípulos Teodoro y Atanasio. Podemos observar en esta sala una maqueta interpretativa del que sería este mausoleo romano donde aparecieron los tres cuerpos.

Así comienza la historia de la ciudad de Compostela y el Camino de Santiago. Debemos entender este hecho en su contexto histórico, estamos en el siglo IX, momento de la reconquista, y el hallazgo de los restos del Apóstol suponen un refuerzo moral muy fuerte para el ejército cristiano.

Con respeto a las fuentes bibliográficas de este episodio, antes del descubrimiento del sepulcro de Santiago circulaban abundantes referencias sobre su localización y su culto. El «Breviario de los Apóstoles» citaba, a finales del siglo VI, la predicación en Hispania y situaba su tumba en La(r)que Marmarica. Algo similar indicaba, hacia el 650, un texto interpolado de san Isidoro en «De ortu et obitu patrum». Beda el Venerable recogía hacia el 730 en su «Martyrologium» referencias sobre el traslado y enterramiento «...contra mare Britanicum...» (océano Atlántico).

A lo largo de nuestro recorrido ascendiendo hacia la maqueta del mausoleo, podremos observar una copia impresa en la ciudad de Colonia en el año 1688 de la obra de Beda el Venerable, «Opera Theologica, Moralia, Historica, Philosophica, Mathematica & Rhetorica...». En sus escritos, Beda defiende la evangelización de Hispania  por Santiago el Mayor, pero el dato más significativo es la referencia al enterramiento, que lo recoge en dos ocasiones. Una en la homilía XCII sobre Juan, que admite que el cuerpo de su hermano reposa en Hispania y la siguiente referencia se encuentra en la martirología con el que parece admitir un segundo traslado.

TEODOMIRO DE IRIA Y AFONSO II

Las narraciones sobre el descubrimiento del sepulcro de Santiago sitúan el hallazgo en el reinado de Afonso II (791-842) y el pontificado de Teodomiro, obispo de Iria (819-847). También se relaciona con Carlomagno, emperador de Occidente (800-814) y se señala el año 813 cómo data del hallazgo. Con esta suposición se pretendía dar un reconocimiento internacional al sepulcro y al Camino de Santiago, aunque históricamente no parece aceptable.

UN MAUSOLEO ROMANO. ¿PARA QUIEN?

El sepulcro identificado como la tumba de Santiago es un enterramiento monumental (mausoleo) de los siglos I e II d.C. Su configuración original fue transformada en diversas ocasiones, de modo que es difícil presentar actualmente una reconstrucción verosímil.

Este tipo de enterramiento transforma la simple tumba en un santuario para honrar la memoria del difunto. Este mausoleo, que evidencia también la existencia de un núcleo urbano próximo y de algún personaje relevante podría asemejarse al de Fabara (Zaragoza), del siglo II. La tradición sostiene la cristianización del monumento para acoger los cuerpos de Santiago y de sus discípulos Atanasio y Teodoro. Otras hipótesis lo consideran la tumba de Prisciliano, obispo hereje ejecutado en Trier (Alemania) en el siglo IV.