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La peregrinación y el camino de Santiago

Los objetos y rituales relacionados con los peregrinos jacobeos, la vinculación que la música, la literatura y el arte tuvo con el Camino de Santiago, la diversidad iconográfica del Apóstol así como la amplísima dispersión internacional del culto a Santiago, son los protagonistas en esta planta.

Santiago en el mundo

El  descubrimiento  del  cuerpo de Santiago  tuvo  una trascendencia especial por ser unos dos discípulos  más próximos a Cristo. Para entender la rápida difusión de su culto y advocación, debemos tener en cuenta diversos factores: la mentalidad religiosa que imperaba en la Edad Media, el culto a las reliquias y el interés que despertaron las peregrinaciones a santuarios y lugares que albergaban estos restos. La aparición del cuerpo de Santiago en los albores  del  siglo IX, en un de los territorios más  alejados de Europa, incentivó a muchos fieles a peregrinar a su tumba sin importar su lugar de residencia y orar ante sus  reliquias, surgiendo un entramado de vías de comunicación por las que se difundió el culto a Santiago. 

A partir del siglo XVI, con los descubrimientos protagonizados principalmente por Castilla y Portugal y la posterior expansión internacional de la cultura y de la tradición hispanas, se llevará el culto a Santiago a los cinco continentes. Muchos de los  asentamientos coloniales fundados fueron levantados bajo la protección del apóstol Santiago.

Santiago en España

La tradición mantiene la existencia de un culto muy antiguo a Santiago en la península. De hecho, defiende la cristianización de Hispania por el hijo de Zebedeo. Es posible que la Iglesia visigoda reservara un papel destacado al Apóstol que pasaría al reino astur. Eso explicaría la importancia otorgada a Santiago como cabeza «refulgente y dorada de Hispania», como recoge el himno O Dei Verbum alrededor del año 785.

El descubrimiento del sepulcro y la peregrinación dieron lugar al nacimiento de iglesias, capillas y establecimientos de acogida en honor a Santiago lo que, sumado a la actividad bélica en contra del islam, contribuyó a la expansión de su culto por España y Portugal, en la que jugó un destacado papel la Orden de Caballería de Santiago.

Santiago en Europa

La noticia del descubrimiento de la tumba apostólica y el intento de vincularlo con Carlomagno contribuirían a difundir el culto a Santiago en Europa. Escritos próximos a la fecha del descubrimiento (Martirologio de Floro y de Adón) darán a conocer en la sociedad europea anterior al año mil la existencia de la tumba y del culto que recibe en Compostela. En el siglo XI, se consolidan las rutas de peregrinación desde Europa.

Nacen instituciones de apoyo al peregrino como las cofradías para organizar peregrinaciones y atender establecimientos de acogida. El caso de la Confrèrie de Saint-Jacques de París en 1315 es un buen ejemplo. Son incontables las evidencias del papel que jugó el culto a Santiago y la peregrinación en la configuración de Europa.

La expansión del culto a Santiago arraigó de manera muy profunda en Europa, sobre todo en los territorios correspondientes a las actuales Alemania y Francia, con muchas iglesias dedicadas a Santiago y una gran variedad de representaciones del Apóstol, algunas con variantes locales, como es el caso de la escultura bávara expuesta en este espacio, que porta de un lado la tradicional calabaza de peregrino y del otro un rábano como símbolo identificativo. Objetos devocionales procedentes de toda Europa enriquecen este espacio expositivo y dan fe de la expansión de su culto por el continente.

Santiago en América

La influencia del culto jacobeo en Hispanoamérica fue muy importante desde el mismo momento de la conquista y perdura hasta nuestros días. La iconografía específica del culto a Santiago matamoros fue trasladada al Nuevo Continente como una extensión del espíritu de la Reconquista y, en consecuencia, aparece la figura conocida como Santiago mataindios. La figura protectora del Apóstol traspasa continentes y lo podemos ver ahora en territorio americano apoyando a la Corona Española en la conquista de nuevos territorios contra los nuevos «infieles». El Santiago mataindios expuesto en esta sala se sitúa cronológicamente en el siglo XVIII y probablemente esté relacionado con las revueltas de indios contra los españoles de finales de ese siglo en Perú.

La figura de Santiago caballero mantuvo su advocación como protector en América no solo de las tropas cristianas sino, por extensión, de todo el reino. Con el paso del tiempo la imagen batalladora de Santiago fue reaprovechada por los nativos en contra de los conquistadores, es cuando aparece la imagen de Santiago mataespañoles, santo protector de estos, ya que Santiago había sido asimilado a dioses indígenas relacionados con las fuerzas de la naturaleza, como los relámpagos, los truenos o las lluvias torrenciales. Este sincretismo hace que en el siglo XIX los independentistas tomen a Santiago cómo defensor de los derechos indígenas contra los antiguos conquistadores. En este contexto se podría incluir el Santiago mataespañoles aquí expuesto, realizado en plata de Potosí.

Fuera ya de los campos de batalla y del uso del santo guerrero como herramienta ideológica para fortalecer a los bandos implicados, la protección del Santiago caballero en la mentalidad hispanoamericana se extiende más allá, entrando en un plano más intimista. Los exvotos expuestos en esta sala evidencian como cuajó la devoción de esta figura en la sociedad americana, como intercesor de favores o figura auxiliadora, en circunstancias desesperadas.

El proceso de simbiosis cultural entre la cultura americana y la hispana tiene efecto directo en la forma de vivir la religiosidad. La asimilación entre las creencias indígenas y el catolicismo fue tan profunda que arraigó mismo en las celebraciones festivas. Como consecuencia, en la cultura popular aparecen las denominadas «danzas de conquista», en la que los bailarines de la danza religiosa «Santiagos» emplean la indumentaria conocida como del «apóstol Santiago caballero». Estas se componen básicamente con coloristas sombreros, de ala ancha, y cinturones como los expuestos aquí en el Museo. El cinturón evoca al caballo blanco y el bailarín actuaría como jinete. Esta festividad se difundió por toda América arraigando especialmente en México y Centroamérica con variados nombres locales.