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La peregrinación y el camino de Santiago

Los objetos y rituales relacionados con los peregrinos jacobeos; La vinculación que la música, la literatura y el arte tuvo con el Camino de Santiago; La diversidad iconográfica del Apóstol así como la amplísima dispersión del culto a Santiago, son los protagonistas en esta planta.

Santiago. Historia, tradición y leyenda

El descubrimiento e identificación de un sepulcro, cuyos restos se atribuyeron a Santiago el Mayor en los territorios más occidentales de Europa en el siglo IX, marcan el origen del culto al Apóstol y el nacimiento de la peregrinación jacobea. Las referencias históricas sobre tales acontecimientos y la vida de Santiago estuvieron siempre envueltas de una mezcla de tradición y leyenda.

A partir del siglo VI se extiende la creencia de que los apóstoles estaban enterrados allí donde habían predicado y la tradición occidental atribuye a Santiago la evangelización de Hispania. Eso justifica que antes del descubrimiento (inventio) circularan escritos que recogiesen antiguas tradiciones, transmitidas posiblemente por la Iglesia visigoda, que señalaba el Finis Terrae como el lugar de enterramiento de Santiago.

Historia. Santiago como discípulo de Jesús

Los evangelios canónicos y los Hechos de los Apóstoles proporcionan los escasos datos históricos referidos a Santiago el Mayor. Era hijo de Zebedeo y de María Salomé y hermano del apóstol y evangelista Juan. Ambos fueron llamados por Jesús mientras pescaban en el mar de Galilea y recibieron del Maestro el sobrenombre de Boanerges (hijos del trueno) por su carácter impulsivo.

Santiago formaba parte, con Juan y con Pedro, del grupo de apóstoles más próximos a Jesús y sería testigo privilegiado de los acontecimientos más relevantes de su vida: resurrección de la hija de Jairo, Transfiguración en el Monte Tabor, oración en el Huerto de los Olivos, etc.

En este espacio son varias las figuras referidas a la filiación familiar de Santiago, vinculada directamente a la del propio Jesús. La iconografía de la santa parentela, en la que aparece santa Ana como madre de la Virgen e iniciadora de la genealogía femenina de Cristo, está vinculada genealógicamente con la de Santiago, pues es su primo. Una representación más amplia de la Sagrada Familia por filiación materna la podemos ver en la denominada «Santa Parentela»: presenta una estudiada composición que busca diferenciar la relevancia de los diversos miembros que componen la familia de la Virgen y, por lo tanto, la ascendencia de Cristo. En un primer plano, a la izquierda, aparece sentada María Salomé con su hijo, Santiago el Mayor.

En el altorrelieve en madera denominado «Santa Parentela» se representa a Santiago con sus padres, Zebedeo y María Salomé, acompañados por Juan (el Evangelista y apóstol), su hermano, apoyado en las piernas de su madre. Santiago niño, que lleva como atributos el bordón y el sombrero colgado de las espaldas, va guiado por su padre, que lo lleva cogido de la mano.

Tradición. La evangelización de Hispania

Las tradiciones orientales le atribuyen a Santiago la predicación en Judea y Samaria; las occidentales le reservan la evangelización de la Gallaecia y demás territorios hispánicos. Después de muchas dificultades conseguiría siete discípulos denominados varones apostólicos que seguirían con su labor después de que Santiago volviese a Jerusalén. Otras tradiciones defienden la cristianización de la península por san Pablo, que manifestaría su voluntad de predicar en Hispania.

Tal vez la llegada de la nueva religión a la península vendría, junto con otros cultos orientales, de la mano de soldados romanos. Roma es consciente tanto del valor geoestratégico del noroeste como de sus importantísimos recursos auríferos, necesarios para el mantenimiento de tan vasto imperio.

A lo largo de este espacio expositivo podemos observar los restos materiales de las culturas que poblaron el noroeste de la península ibérica antes de la implantación de la administración romana en estos territorios. La orfebrería fue una actividad notable por los importantes recursos auríferos de la zona, característica que alentó la conquista por parte de Roma. Un ejemplo extraordinario de esta cultura es el conjunto denominado Tesoro del Recouso, procedente del homónimo castro (Oroso, A Coruña), depósito de Felipe R. Cordero Carrete.

Otro de los objetos emblemáticos de esta cultura es el torques. El ejemplar expuesto en estas vitrinas procede del castro de Bardaos (Tordoia, A Coruña). La orfebrería fue una actividad notable por los importantes recursos auríferos de la zona, y el torques, uno de los adornos personales más característicos.

Los siguientes objetos arqueológicos que encontramos nos remiten al contexto histórico de la romanización y la implantación definitiva de la administración romana en el noroeste peninsular. Por una parte, el tesorillo numismático de Castromaior, formado por un conjunto de denarios de plata y, por otra, los restos arqueológicos procedentes de Iria Flavia (Padrón, A Coruña). Quizá la llegada de la nueva religión a la península vendría, junto con otros cultos orientales, de la mano de soldados romanos. Roma es consciente tanto del valor geoestratégico del noroeste como de sus importantísimos recursos auríferos, necesarios para el mantenimiento de tan vasto imperio.

Leyenda. La translatio

El «Breviario de los Apóstoles» de finales del siglo VI atribuye a Santiago la predicación en el occidente de Hispania y su enterramiento en A(r)ca Marmarica.

La leyenda del traslado del cuerpo de Santiago (translatio) desde Jaffa hasta Galicia puede resumirse así: los discípulos de Santiago recogieron su cuerpo, lo embarcaron y lo trasladaron milagrosamente por mar hasta Iria Flavia. Esta parte de la leyenda tendrá mucha repercusión en el mundo cristiano y será plasmada a lo largo de la historia en diversos soportes artísticos. En esta sala podemos encontrar la representación de este relato en un soporte numismático único, se trata del óbolo de Fernando II, del siglo XII, de la ceca compostelana.

Otro gran testigo de esta leyenda son las páginas del libro que acompaña en la vitrina al óbolo, autoría de Mauro Castellá Ferrer e impreso por Alonso Martín de Balboa en el primero cuarto del siglo XVII, en el que destaca el grabado realizado con una extraña perspectiva aérea que contiene el mapa de los enclaves geográficos de la translatio terrestre del cuerpo de Santiago por sus discípulos Teodoro y Atanasio.

La leyenda continúa ya en tierras gallegas, donde los discípulos del Apóstol le solicitaron a la reina Lupa un lugar para enterrarlo y esta los envió al legado romano en Duio quien ordenó su prisión, pero fueron liberados por un ángel y huyeron. Lupa intentó engañarlos de nuevo enviándolos al Monte Ilicino en busca de unos bueyes para trasladar el cuerpo. Estos eran bravos toros que se amansaron por motivo de un prodigio. Allí mataron también a un dragón bautizando el monte como Pico Sacro. Finalmente, Lupa se convirtió y les ofreció un lugar para su sepultura en un bosque llamado Libredón. Todo esto forma parte de la leyenda, no obstante, podemos ver expuesta en la vitrina del Museo, destinada a la translatio, una escultura en piedra que representa un personaje masculino y procede de las intervenciones arqueológicas en el castro Lupario, vinculado a la legendaria reina Lupa.