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La peregrinación y el camino de Santiago

Los objetos y rituales relacionados con los peregrinos jacobeos, la vinculación que la música, la literatura y el arte tuvo con el Camino de Santiago, la diversidad iconográfica del Apóstol así como la amplísima dispersión internacional del culto a Santiago, son los protagonistas en esta planta.

El peregrino jacobeo

En época romana peregrino designaba a quién caminaba por tierra ajena. En la Edad Media se consideraba peregrino a «...aquel que va a la casa de Santiago, en Galicia, o vuelve de ella» (Dante, Vita Nuova, capítulo XL), distinguiéndose así del «romero», que iba a Roma y del «palmero», que caminaba a Tierra Santa. Con todo, peregrino suele usarse cómo sinónimo de romero. Así se recoge en las Siete Partidas de Alfonso X para referirse la aquellas personas que se desplazan para visitar santuarios y «...servir a Dios y honrar a los santos».

El peregrino jacobeo es el actor principal de la peregrinación a Compostela. El hecho de peregrinar propició el nacimiento del Camino, las infraestructuras, la normativa de protección de los caminantes, una liturgia propia, así como un inmenso conjunto de elementos materiales e inmateriales que hicieron singular esta peregrinación. La mayoría de los peregrinos de cualquier época son personas anónimas. El franco Bretenaldo pasa por ser, hacia el año 920, el primer peregrino jacobeo extranjero conocido. Godescalco, obispo de Lee-Puy, en el año 950, es otro de los más tempranos.

Las motivaciones

La peregrinación jacobea nace de una convicción religiosa. Se interpreta como «un camino de perfección» y se peregrina por devoción piadosa (orationis causa) o para pedir una gracia. Para algunos es un «camino de expiación» para satisfacer un voto. Para otros es un «camino de purificación» que sirve para cumplir una penitencia, como sucede con los años de «Gran Perdonanza», para ganar las indulgencias establecidas.

A partir del siglo XV es también un «camino de conocimiento». Peregrinos movidos por sus ansias humanistas o sus valores caballerescos, viajan a Compostela. Hay también peregrinaciones forzadas o por imposición de una pena civil.

Aspectos culturales, ecológicos, deportivos, esotéricos, la meditación o el escapismo se cuentan también entre los muchos motivos por los que hoy se peregrina a Compostela.

Los libros de viaje

Los libros, itinerarios, guías o crónicas de viaje constituyen una importante fuente para el estudio de la peregrinación jacobea. A lo largo de la historia y desde la Edad Media contamos con documentación escrita con la que poder estudiar este fenómeno histórico. Estos relatos de viaje no solo constituyen una fuente histórica directa, sino una guía y referencia para los demás peregrinos que decidan emprender su viaje.

En esta sala podemos ver algunos de los manuscritos que dejan testimonio de estos viajes, entre ellos un facsímil del ya nominado libro V del Códice Calixtino, conocido como la guía del peregrino. Documento excepcional del siglo XII que ofrece información de interés para peregrinar a Compostela. Un ejemplo más contemporáneo es el Códice de Munehiro. Realizado durante la peregrinación del autor entre 1983-1986, constituye una guía fidedigna y detallada del Camino de Santiago en todos sus aspectos: geográficos, culturales, de hospedaje, de intendencia, etc.

Aparte de los libros de viaje, hay otro tipo de documentación generada a partir de las actividades de peregrinación, como pueden ser la judicial o legal. Un ejemplo de esta casuística será la copia de 1565 del libro de las Siete partidas de Alfonso X el Sabio expuesto en esta sala. Constituye la base legal escrita que regula las peregrinaciones y romerías desde el siglo XIII.

Cierra este espacio destinado a los libros de peregrinación el Códice de indumentaria femenina. Ejemplar del siglo XVI, ilustrado con 28 mujeres ataviadas al estilo de la época. Su autor, un anónimo viajero francés, dejó fiel reflejo de la indumentaria tradicional femenina de ciertas poblaciones por las que pasó desde una localidad francesa hasta Santiago de Compostela. Es muy posible que tomara notas durante su viaje y que con posterioridad, lo finalizara con detalle.

Los medios de transporte

Desde su origen, el viaje a pie se convirtió en el principal medio de transporte para el peregrino jacobeo. El uso de animales o de carruajes era un privilegio. La debilidad del caminante, indefenso ante la presencia de animales salvajes, bandoleros y criminales, se combatía con la organización de grupos de peregrinos. A menudo viajaban con comerciantes que transportaban sus mercancías en carros o a cuestas de animales. Los peregrinos ingleses y de otros territorios nórdicos navegaban hasta algún puerto francés o peninsular para proseguir el camino a pie hasta Santiago. Actualmente la peregrinación a pie es mayoritaria; el uso de animales tiene sus adeptos; y se incrementó la peregrinación en bicicleta. Es posible la peregrinación en silla de ruedas para personas con discapacidades físicas.

La Orden de Santiago

La Orden de Santiago fue fundada por el rey Fernando II de León en 1170, en Cáceres, núcleo de la defensa de la frontera leonesa con los almohades. En los freyles confluye el ideal ascético de los monjes y el caballeresco de los soldados. La limpieza de sangre y el sometimiento a la rígida disciplina de la Regla son condiciones imprescindibles. Las Comendadoras de Santiago representan la versión femenina.

En el siglo XIII era la orden militar más rica con múltiples posesiones en la península ibérica. Una vez que se terminó la Reconquista en 1492, la Orden perdió su función guerrera en la península y es traslada a América. La pertenencia a la Orden se convertiría en una distinción nobiliaria y mantiene su poder fáctico hasta su abolición en el siglo XIX.

La Orden de Santiago prestó un servicio fundamental a los peregrinos jacobeos al garantizar la seguridad de las rutas de peregrinación. En la planta baja del museo podremos disfrutar del retrato de algunos de sus miembros ilustres, como el literato del Siglo de Oro de las letras españolas don Calderón de la Barca o el comendador de Hornos, conocido como el Maquiavelo español por sus labores diplomáticas.

Destacan entre los fondos expuestos la importante colección de fondos bibliográficos referidos a la historia de la Orden de Santiago y a su reglamento.

Protección y asistencia del peregrino

La peregrinación jacobea es una actividad que se va dotando de una normativa para proteger al peregrino y de instituciones para facilitar su viaje. Las jurisdicciones civil y eclesiástica favorecieron la peregrinación con medidas especiales. La Orden de Santiago prestó un servicio fundamental a los peregrinos jacobeos garantizando la seguridad de las rutas de peregrinación.

La asistencia sanitaria fue siempre imprescindible en el Camino. Por eso, desde el siglo IX se fundaron hospitales. En Compostela el Gran Hospital Real, fundado por los Reyes Católicos en 1499, acogió buena parte de la asistencia prestada en la ciudad a los peregrinos. Testigo de estas actividades queda en la amplia documentación escrita, pero también en curiosos objetos como el albarelo de farmacopea expuesto, fabricado en loza de Talavera, que luce en su frontal el escudo del Hospital Real. Estas actividades, vinculadas con la preparación de medicamentos, se documentan en otros espacios como lo testimonia el siguiente recipiente, la copa de farmacia de San Martín Pinario. Como todos los grandes monasterios, San Martín Pinario, contó con una importante botica no solo destinada para su uso propio, sino también para producir medicamentos para sus prioratos.

Otros hospitales estaban especializados en el tratamiento de diversas enfermedades. Se trae a colación el ejemplo del hospital de San Roque, fundado en el siglo XVI para acoger a los afectados de la gran peste bubónica que afectó a la ciudad. Estaría bajo la protección del santo, quien cuenta con mucha devoción en la ciudad por su carácter protector. Lo podemos ver en la escultura que preside este pequeño espacio, vestido de peregrino y con la simbología tradicional que lo caracteriza. Ya pasada la pandemia, el hospital de San Roque se especializaría en la curación de enfermos de sífilis.

Bajo estas vitrinas, podemos observar parte de la vajilla empleada en este hospital en el siglo XVIII. Producida en los talleres de la «Cartuja de Sevilla». Todos los componentes de la vajilla presentan el escudo heráldico del arzobispo Francisco Blanco, fundador del hospital.

La Orden de Santiago les prestó un servicio fundamental a los peregrinos jacobeos al garantizar la seguridad de las rutas de peregrinación. La documentación generada por esta institución es muy abundante, podemos observar algunos de los ejemplares manuscritos que llegaron hasta nosotros hoy en día en las vitrinas de este espacio. Valiosos documentos donde se recogen las normas y reglamentos de esta orden protectora del Camino. 

La indumentaria

Al principio las ropas del peregrino son las propias del caminante: capa no muy larga, sayo, esclavina, sombrero de ala ancha y calzado resistente. Estos complementos protegían de las inclemencias meteorológicas y permitían caminar con comodidad. Criterios territoriales, estacionales y de condición social marcaban las mayores diferencias, pero después se produciría una estandarización del atuendo que favorecía la identificación del peregrino. Así, el bordón (baculus) y la escarcela o zurrón (pera), se convirtieron en distintivos del peregrino a los que se unirá la calabaza para llevar agua o vino. Sobre el atuendo se cosían insignias distintivas de los santuarios de peregrinación, abundando vieiras y pequeños bordones jacobeos.

La reciente incorporación de indumentaria deportiva, con piezas coloristas y cómodas, revolucionó los esquemas en el modo de vestir de los peregrinos.

Recuerdos de peregrinación

Los peregrinos solían llevar como recuerdo objetos elaborados en la ciudad. Los más característicos eran de azabache que se vendían en la entrada norte de la catedral bajo un estricto control de la Iglesia compostelana. Vieiras, crucifijos, amuletos, collares, rosarios, esculturas de Santiago, objetos litúrgicos... eran despachados por los azabacheros. No faltaban piezas en plata, aunque muchas veces con más valor evocador que económico, sobre todo medallas con la imagen de Santiago y las conmemorativas de los Años Santos en distintos metales.

La elaboración y comercialización de recuerdos para los peregrinos reportaba importantes beneficios a la ciudad. Estos objetos continúan siendo hoy ofertados en múltiples establecimientos y no faltan aquellos que son producto de una globalización y mercantilización característicos del turismo actual.